Monday, September 22, 2014

En esta ciudad tan anónima



-Sígueme al otro lado de los árboles. Más allá de la frondosa marca de lo natural en esta ciudad tan anónima.-

Mis pasos eran completamente silenciosos, amortiguados por el césped que cubría las partes del suelo sobre las que quería pisar. Nada era ya arbitrariamente forzado. Los ecos de mis memorias resonaban a mi alrededor pero su epicentro distaba de distorsionar con los latidos de mi nuevo corazón.

Me tendió la mano y me dijo que nada volvería a ser como antes. Me distraje con el sabor de la sangre de la tierra en el lecho de mi boca, pero pronto volví a la imagen que me llamó aquella noche de septiembre.

Me dijo que estaría bien en casa. Que ella cuidaría de mi mente tan marchita y maldita. Musitó las palabras que supieron conectar con el fondo de la cuestión que realmente me importaba.

Estoy en casa. Estoy en el centro de la raíz. Estoy más cerca de mí y ese pensamiento se hace intensamente perturbador. Poderosamente erógeno.

Cerca, muy cerca de la caída definitiva.

Por fín.

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